Tulip todavía guarda su primera pieza de ganchillo: un posavasos azul que hizo cuando iba al instituto. Para esta joven china de Hangzhou, provincia de Zhejiang, lo que empezó hace siete años como un pasatiempo ha acabado convirtiéndose en un trabajo a tiempo completo. “Internet va demasiado rápido. La gente vive en un estado de ansiedad permanente, pero el croché es lento por naturaleza. No tolera las prisas”, cuenta para explicar por qué le gusta tanto.
En redes sociales se hace llamar Qingzheng Mozai. El apoyo que recibió cuando empezó a compartir sus trabajos online le ayudó a mejorar. No solo perfeccionó su técnica, sino que descubrió que esta afición, sobre todo, le daba paz.
Tulip, que en realidad es un seudónimo, forma parte de una nueva ola de jóvenes chinos que reivindican oficios y costumbres de antes como respuesta al desenfreno de la vida moderna. Se trata de un movimiento que abarca artesanía, gastronomía o rituales de autocuidado y que, a la postre, supone toda una filosofía de vida.
Las cifras dan fe de la tendencia. El 89,9% de los jóvenes del país afirma que disfruta visitando mercados locales cuando viaja, según una encuesta de 2025 del periódico China Youth Daily, destinado a esa franja de edad. Asimismo, los contenidos relacionados con el ganchillo acumulan miles de millones de visitas en plataformas como Xiaohongshu y Douyin, de acuerdo con un informe que publicó en marzo la agencia de noticias China News Service.
Cuestión de identidad
Tras el nacimiento de su primer hijo, Huang Chengjuan dio un giro radical: pasó de ser la vicepresidenta de una empresa de videojuegos a convertirse en creadora de contenido gastronómico. Más que hacer carrera, esta joven de Guangzhou, provincia de Guangdong, se dio cuenta de que deseaba construir algo capaz de transmitir historias y recuerdos.
En su cuenta, llamada Yan Jiu Suo, Huang investiga sobre antiguas recetas chinas, las recrea para sus seguidores y acude a mercados locales en busca de ingredientes frescos y consejos de vendedores. “Ellos tienen una sabiduría que no se encuentra en ninguna aplicación de compras”, asegura. Su objetivo es conectar a las nuevas generaciones con los sabores ancestrales. “Los jóvenes no solo quieren aprender a cocinar platos tradicionales, sino entender la cultura que hay detrás e incorporarla a su día a día”, relata.
Yang Wenxi, conocida como Zhu Le Tang en internet, reivindica por su parte el antiguo ritual del baño, “una de las pocas cosas que, en la era de la conectividad, nos obligan a desprendernos de todo: ropa, teléfono y redes sociales”, precisa. Inspirándose en antiguas tradiciones chinas, ha desarrollado un lento sistema de autocuidado, que incluye peinarse el pelo para favorecer el qi (energía vital) o calentar la ropa con incienso. Según cree, los jóvenes no hacen todo esto para revivir el pasado: “lo hacemos para que nuestro presente sea más agradable y para reforzar nuestra pertenencia”.