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La capital de la porcelana abre sus talleres al turismo
Dos profesoras italianas visitan el Horno Xujia, de la dinastía Ming (1368-1644), durante su estancia en Jingdezhen.

La capital de la porcelana abre sus talleres al turismo

Cada vez más viajeros se acercan a Jingdezhen para conocer de cerca su reputada industria artesanal, recién reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad
ZHAO RUINAN - 03 Ago 2026 13:15

Jingdezhen, famosa durante siglos por elaborar algunas de las porcelanas más exquisitas del mundo, acaba de lograr un nuevo hito para su oficio estrella. El pasado 25 de julio, el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, que celebró su 48ª sesión en Busan, Corea del Sur, distinguió los lugares que integran su industria artesanal en torno a la porcelana como Patrimonio de la Humanidad. El reconocimiento, que supone la entrada número 61 de China en la lista de la Unesco, protege 45 sitios de Jingdezhen relacionados con este antiguo oficio, entre los que figuran desde talleres hasta canteras para extraer materias primas, rutas o barrios tradicionales.

Todo ello ha convertido la ciudad, situada en la provincia de Jiangxi, en un imán para turistas. No obstante, cuando acuden a Jingdezhen para conocer de cerca su larga tradición alfarera, muchos viajeros se sorprenden al comprobar que no está momificada.

El joven uzbeko Adhamjonov Ayubkhon, de 20 años, llegó por primera vez a la urbe pensando que solo encontraría esta artesanía en los museos. Sin embargo, descubrió que estaba muy viva y totalmente integrada en su día a día. En Jingdezhen, la porcelana no solo puede contemplarse tras las vitrinas, sino también en las mesas, los escaparates, las calles o los tornos de los jóvenes alfareros. “Está por todas partes”, aseguró.

Más que un viaje, una experiencia

Ayubkhon, que reside en China, ya ha visitado la ciudad en tres ocasiones. Las exposiciones del Museo de la Cerámica de Jingdezhen, donde vio “obras antiguas y porcelanas azules y blancas de la dinastía Ming (1368-1644)”, le parecieron “de una belleza extraordinaria”. En la Universidad de la Cerámica observó cómo los estudiantes aprendían a hacer su propia porcelana a mano, e incluso él mismo se lanzó a intentarlo.

“Me gustó la experiencia”, relató el joven, que en uno de sus viajes moldeó su propio plato y taza y en otro volvió con la maleta llena de piezas para su familia y amigos.

Un artista canadiense, en un alfar de Jingdezhen. SHI WEIMING / PARA CHINA DAILY

Su caso no es una rareza. Los turistas extranjeros ya no solo acuden a Jingdezhen para admirar su porcelana, sino para tocarla, decorarla y llevarse a casa un pedacito de su historia. El año pasado, la ciudad recibió 150.800 visitantes internacionales, un 40% más que en el ejercicio anterior. Entre todos gastaron 89,96 millones de yuanes (11,25 millones de euros), un 45% más que en 2024.

Para muchos, la gracia consiste en dejar de ser un espectador y vivir la experiencia en primera persona. “Solo después de moldear la porcelana yo mismo, he entendido realmente la cultura y la historia de China”, confesaba en el Museo de Hornos Antiguos y Folclore Arjun Gurung, un visitante nepalí. Con la ayuda de artesanos locales, él y sus compatriotas aprendieron a trabajar la arcilla en un torno de alfarero.

La oficina de cultura, radio, televisión y turismo de la ciudad ha detectado dos grandes tendencias en los viajeros: se quedan más tiempo y buscan experiencias culturales más profundas. La urbe está dejando de ser un lugar donde ir a sacar fotos para convertirse en un destino experiencial.

La mayor parte de los extranjeros que acuden allí procede de Malasia, Estados Unidos, Singapur, Corea del Sur y Japón, y entre un 30% y 40% de sus visitantes internacionales son personas que viajan por su cuenta. Entre los souvenirs de cerámica que se llevan a casa figuran desde imanes para la nevera hasta auténticas obras de arte. Todo un ejemplo de lo que se ha diversificado la industria de la porcelana en Jingdezhen.