Longjing significa “Pozo del dragón” y es una de las variedades de té más apreciadas de China. Tostar sus hojas a la manera tradicional implica dar nueve pasos, entre los que figuran extenderlas, precocinarlas en un wok, darles forma, rehidratarlas, volverlas a cocinar o tamizarlas. Solo para pasarlas por la sartén, hay que aplicar un ritual que se conoce como “los diez movimientos esenciales de la mano”.
Este peculiar y complejo método, que se realiza en ciertos lugares de Hangzhou, provincia de Zhejiang, tiene un valor especial. Por ello, la Técnica de Recolección y Procesado del Té del Pozo del Dragón del Lago del Oeste no solo es Patrimonio Cultural Inmaterial de China. Desde 2022, también lo es de la Humanidad y, junto con otras prácticas de la zona, está protegida por la Unesco.
Cada maestro es único
De esta tradición sabe mucho Fan Shenghua, de 64 años, uno de los reconocidos artesanos que se encargan de guardar y transmitir este legado. El pasado mes de abril, en su taller de la aldea de Tongwu, nueve hombres y una mujer seguían sus instrucciones mientras revolvían rítmicamente las hojas de té que habían recolectado ese mismo día.
“El verdadero té de Longjing del Lago del Oeste tiene que ser de la variedad Longjing y estar procesado a mano. Si se utilizan máquinas, no es auténtico”, explica el maestro.
Sus manos, de palmas gruesas y llenas de callos, delatan que lleva 50 años sirviéndose de ellas para trabajar. “Cuando se prepara de esta manera, el té tiene un sabor más suave, y un aroma más rico y duradero”, cuenta. Según detalla Fan, que empezó a aprender el oficio cuando solo tenía 13 años, es necesario medir bien la presión que se aplica a la hora de manipular la planta. Si es demasiada, el tallo y las hojas podrían romperse. Si es demasiado poca, podrían no liberar la suficiente humedad y acabar teniendo un sabor amargo.
En definitiva, la calidad final del té depende de la temperatura a la que se cocine, la técnica manual que se emplee y la sensibilidad del artesano que lo manipule. El toque especial de cada maestro es irrepetible.