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Restaurar trajes antiguos con la precisión de un cirujano
El equipo de conservación textil del Museo del Palacio de Beijing, compuesto por cinco mujeres, examina una túnica real antes de intervenir. 

Restaurar trajes antiguos con la precisión de un cirujano

El taller de conservación textil del Museo del Palacio de Beijing vela por el bienestar de las 180.000 piezas de tela que alberga el recinto
WANG KAIHAO - 09 Jun 2022 8:28

Qu Tingting trabaja en el taller de conservación textil del Museo del Palacio de Beijing desde 2013. Entre cosidos de bordados chinos, piezas de seda y otras telas, asegura que no se aburre ni un minuto. “Me encanta ejercer de médico para sanar tejidos antiguos”, asegura.

Su labor requiere mucho tiempo. En los últimos ocho años, apenas ha restaurado 50 piezas. “A veces tardo un mes en remendar solo un agujero. Incluso puedo contar el número de puntadas que doy al día. Antes de cada una, necesito estar muy concentrada”, explica. Las telas, entre las reliquias culturales más frágiles que alberga el museo, requieren mucho mimo. El Museo del Palacio, también conocido como la Ciudad Prohibida, fue la residencia imperial de China desde 1420 hasta 1911. Las familias reales, en especial los gobernantes manchúes de la dinastía Qing (1644-1911), dejaron allí un sinfín de reliquias, muchas de ellas piezas de artesanía muy sofisticadas. 

Remendando la historia

Según un inventario de 2015, en la actualidad el recinto alberga más de 180.000 piezas textiles, lo que convierte su colección en una de las más grandes del mundo en esta categoría. Las prendas reales y las de la Ópera de Pekín son las más emblemáticas, aunque en el antiguo palacio las telas estaban presentes en todos los rincones. Se utilizaban tanto en ventanas como en pinturas, abanicos, cojines, almohadas, sábanas, cenefas y todo tipo de decoración de interiores. 

Además de Qu, en el taller de conservación textil trabajan otras cuatro personas, todas mujeres. Las modernas técnicas que emplean probablemente sorprenderían a los artesanos de antaño. Ellos solo podían fiarse de su vista, sus manos y su experiencia, mientras que ahora se realizan análisis exhaustivos. “Una de nuestras máximas es no tocar el tejido hasta que no sea imprescindible”, cuenta Chen Yang, otra restauradora. “Incluso usando máquinas, nunca podemos estar seguras de que utilizamos el material correcto o aplicamos el plan de acción perfecto”, confiesa. Por ello, todas las intervenciones que hacen son reversibles.