El papel de las mujeres ha sido decisivo en la transición ecológica de la Región Autónoma de Mongolia Interior. Gracias a su liderazgo, la lucha contra la desertificación del territorio ha evolucionado hasta adoptar el enfoque integral que se aplica en la actualidad: el avance de la arena se combate plantando árboles y cultivos con fines comerciales, instalando extensas plantas de energía solar y mejorando los medios de vida de la población.
La bandera de Dalad, una de las divisiones administrativas en las que se divide la región, pertenece a la ciudad-prefectura de Ordos. Según las autoridades locales, el 70% de las personas que trabajan en la zona piloto de producción agrícola que hay allí son mujeres. Su aportación ha sido clave a la hora de impulsar iniciativas comerciales relacionadas con la recuperación medioambiental del territorio, que empezó hace décadas.
El Proyecto piloto ecológico de Engebei, en la citada bandera, consiste en cultivar plantas tropicales en invernaderos que están semienterrados en el suelo, específicamente diseñados para aguantar los crudos inviernos de la región.
Detrás de esta iniciativa ubicada en pleno desierto está Liu Xueqin, una ingeniera agrónoma que lleva 18 años investigando sobre agricultura y luchando contra la desertificación en Engebei. Se trata de una zona de la franja central del desierto de Kubuqi, uno de los más grandes de China, que estaba muy deteriorada debido a la sobreexplotación agrícola y al sobrepastoreo.
Para revertir la situación, Liu ha apostado por impulsar la agricultura en esta tierra desértica, donde ha probado más de 300 variedades de cultivos y acumulado experiencia en tareas de siembra. Las mujeres, que han asumido labores de gestión, recolección y clasificación de productos, han sido una fuerza laboral clave dentro del proceso, asegura. “Son pacientes y tenaces”, recalca.
Décadas de lucha
Intervenciones como la de Liu se inscriben en una larga tradición de iniciativas medioambientales encabezadas por mujeres que se llevan a cabo desde las propias comunidades. En la década de 1960, la líder local Baoriledai organizó un grupo de nueve voluntarias para plantar árboles en las dunas móviles del desierto. Fue uno de los primeros proyectos de recuperación medioambiental a gran escala de China impulsados por mujeres.
En la década de 1980, la agricultora Yin Yuzhen, vecina de la zona, se trasladó junto a su marido al corazón del desierto. Allí plantaron alrededor de 7 millones de árboles y acabaron levantando más de 3.300 hectáreas de barreras vegetales contra la arena. En la actualidad, los agricultores de la región continúan con aquella labor. Gracias a una fórmula que combina conocimiento científico y cultivos destinados a fines comerciales, están convirtiendo unas dunas que antes eran estériles en una fuente de ingresos para las comunidades cercanas.
También Qimuge, directora general del grupo Huida Energy en la bandera de Dalad, contribuye a acelerar la transición energética del territorio. Su empresa opera la llamada “Gran Muralla fotovoltaica”, una gigantesca planta de energía solar, situada relativamente cerca de la zona de invernaderos del desierto, que recibió un Récord Guinness en 2019 por crear la mayor imagen del mundo a partir de paneles solares.
Qimuge llegó a su actual puesto en julio de 2004, después de haber ocupado un cargo público. No tenía experiencia previa en el ámbito de la energía solar aplicada a la lucha contra la desertificación. Empezó desde cero. Investigó cómo adaptar cultivos al desierto, buscó formas de retener el agua y detener la erosión en terrenos arenosos y diseñó soluciones específicas para cada zona, ya fueran dunas móviles o suelos duros.
Según explica, el proyecto que están llevando a cabo ahora aprovecha las instalaciones fotovoltaicas para múltiples fines. Los paneles solares que hay en el desierto no solo sirven para obtener energía. La sombra que proyectan sobre el terreno permite que crezcan plantas debajo, lo que a su vez posibilita que paste el ganado. Todo ello contribuye a frenar el avance de la arena y revitalizar el tejido rural. Hasta la fecha, este método se ha aplicado en 5.300 hectáreas de tierras yermas, indica.
Durante décadas, las mujeres han llevado a cabo trabajos pioneros para recuperar el desierto de Ordos y convertir la desesperada lucha de las comunidades contra el empobrecimiento de la tierra en negocios prósperos y sostenibles. La zona ha pasado de una situación en la que “la arena avanzaba hacia la gente” a otra en la que “el verde avanza hacia la arena”. Se trata de un giro histórico que resume cómo ha evolucionado la estrategia de China para combatir la desertificación en todo el país.
“Buscando siempre la luz del sol, las plantas del desierto han conseguido echar raíces y salir adelante en medio de la adversidad”, afirma Liu al echar la vista atrás y reflexionar sobre el largo camino que ha recorrido la región.