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Dialogar, clave para entenderse

Dialogar, clave para entenderse

La Iniciativa para la Civilización Global aboga por el encuentro entre culturas. Comprender y respetar al resto de países es, según China, el primer paso para construir un orden internacional estable
MARTA MONTORO - 07 Jul 2026 13:15

En marzo de 2023, el presidente chino, Xi Jinping, lanzó la Iniciativa para la Civilización Global para dar respuesta al aumento de malentendidos y tensiones geopolíticas que se estaban produciendo entre sociedades, sistemas políticos y tradiciones culturales. En un momento en el que los relatos vuelven a chocar y la política de bloques está resurgiendo, aquella propuesta invita a realizar una reflexión más profunda sobre el papel que juegan la cultura y el diálogo entre civilizaciones a la hora de construir un orden internacional más estable.

Tres años después de formularse, el proyecto cobra aún más relevancia. La Iniciativa para la Civilización Global subraya que la diversidad supone un bien muy preciado para el conjunto de la humanidad y que, para alcanzar la paz y el progreso internacional, es necesario que las distintas culturas, sistemas políticos y modelos de desarrollo se respeten mutuamente. En lugar de interpretar el mundo aplicando esquemas ideológicos inflexibles, la iniciativa apuesta por el diálogo entre pueblos y por legitimar diferentes paradigmas de desarrollo.

Se trata de una perspectiva totalmente coherente con las máximas que han guiado históricamente la política exterior china, recogidas en sus Cinco Principios de Coexistencia Pacífica: respeto mutuo por la soberanía y la integridad territorial, no agresión mutua, no injerencia en asuntos internos de otros países, igualdad y beneficio mutuo y coexistencia pacífica. Tomando este enfoque como base, el país apuesta por relaciones internacionales que favorezcan el diálogo, la cooperación y el aprendizaje entre civilizaciones.

En este contexto, el diálogo entre China y Europa adquiere un peso estratégico cada vez mayor. Y, si ampliamos el marco, España ocupa una posición especialmente interesante debido a su larga tradición de intercambios culturales y relaciones con el país asiático, que continúa avanzando en la actualidad.

La relación entre China y España ha evolucionado de forma significativa en las últimas décadas. Si bien el comercio entre ambas potencias ha crecido de manera sostenida, el aumento de sus intercambios culturales, educativos y sociales resulta especialmente reseñable.

Basta con fijarse en el interés por los idiomas, uno de los indicadores que mejor ilustran esta tendencia. El español se ha convertido en una de las lenguas extranjeras que más terreno gana en China, a lo que contribuyen tanto el Instituto Cervantes como los programas de estudios hispánicos que ofrecen numerosas universidades del país. En paralelo, también en España hay cada vez más gente que estudia chino gracias a la red de Institutos Confucio, que permite acercar la cultura y la lengua chinas a un número cada vez mayor de estudiantes.

Estos intercambios lingüísticos y académicos han tejido una red de vínculos cada vez más densa. Estudiantes, investigadores, empresarios y profesionales que han vivido o trabajado en ambos países juegan hoy un importante papel a la hora de construir relaciones de confianza y generar nuevas formas de colaboración.

Esa interacción cultural puede observarse también en el día a día de las ciudades españolas, que han ido incorporando paulatinamente a sus calendarios la celebración del Año Nuevo chino, exposiciones de arte o festivales organizados por la comunidad china.

Estas nuevas iniciativas están, además, actualizando el diálogo cultural entre ambos países. Un ejemplo de ello es la propuesta China Taste, impulsada por el Centro Cultural de China en Madrid, que da a conocer la gastronomía del país asiático en España. Su presencia en Madrid Fusión, una de las citas culinarias más influyentes del mundo, demuestra que la cocina puede ser una buena plataforma para estimular el encuentro entre civilizaciones.

Este tipo de intercambios contribuye de forma directa a alcanzar uno de los objetivos centrales de la Iniciativa para la Civilización Global: tender puentes y cuestionar los prejuicios con los que nos acercamos a otras sociedades. En paralelo, subraya la importancia de que Europa estudie y comprenda China más a fondo. España todavía tiene bastante margen para conocer mejor el sistema de gobernanza de China –basado en un socialismo con peculiaridades chinas– y los principios que guían su diplomacia.

Cuanto mejor se entienden las culturas, más fluida resulta la cooperación económica. Conforme mejor se conocen las sociedades, menos prejuicios hay y más fácil resulta abordar iniciativas comunes de desarrollo.
Al apostar por el intercambio cultural entre naciones y el diálogo entre civilizaciones a distintos niveles, el recientemente esbozado XV Plan Quinquenal (2026-2030) de China evidencia la dimensión cultural que tiene el compromiso internacional del país.

Esta visión refleja una idea que cobra cada vez más peso en el pensamiento estratégico chino: la estabilidad del sistema internacional no solo depende de factores económicos o militares, sino también de la capacidad de las sociedades para comprenderse entre ellas.

Bajo este esquema, la colaboración entre China y Europa puede adoptar formas muy diversas, como programas de investigación universitaria, intercambios entre instituciones culturales, hermanamientos entre ciudades o proyectos de innovación en materia de sostenibilidad desarrollados de forma conjunta.

España está bien posicionada para participar de forma activa en estos procesos. Sus universidades tienen una gran tradición de cooperación internacional, mientras que sus ciudades cuentan con ecosistemas culturales lo suficientemente dinámicos como para acoger diálogos artísticos, académicos y científicos con China.

La Iniciativa para la Civilización Global se basa en una idea clave: la humanidad no necesita que todas las culturas sean iguales para poder avanzar, sino que las distintas civilizaciones sean capaces de dialogar, aprender unas de otras y colaborar desde el respeto mutuo.

Ahora que la iniciativa celebra su tercer aniversario, China y España están demostrando cómo los intercambios culturales, académicos y económicos pueden contribuir a que sociedades con tradiciones históricas diferentes se entiendan mejor.

Marta Montoro es presidenta ejecutiva de la Fundación Cátedra China. Esta es una versión traducida y resumida de un artículo originalmente publicado en ‘China Daily’, que no comparte necesariamente sus opiniones.