La economía china alcanzó un hito histórico en 2025, cuando su PIB superó por primera vez los 140 billones de yuanes (cerca de 17,6 billones de euros), de acuerdo con su Buró Nacional de Estadísticas. Pese a las tensiones geopolíticas, la desaceleración económica y las profundas transformaciones tecnológicas e industriales que están teniendo lugar en distintas partes del mundo, el dato revela que el país tiene capacidad para seguir creciendo de forma estable.
En términos porcentuales, la economía de China creció un 5% respecto a 2024, lo que le permitió cumplir el objetivo que se había fijado a principios de año y cerrar con éxito su XIV Plan Quinquenal (2021-2025). Para una economía de semejante envergadura, que además está llevando a cabo ajustes estructurales internos –como la transición energética o la transformación tecnológica–, alcanzar esa cifra resultó especialmente difícil y, por lo tanto, significativo.
En 2025, el país se ha caracterizado por su visión estratégica y su flexibilidad. La planificación a largo plazo de China, organizada en planes quinquenales, le proporciona un marco estable para orientar sus inversiones, sus innovaciones tecnológicas y su desarrollo regional. Además, las autoridades han sido pragmáticas y han adaptado sus políticas fiscales, monetarias e industriales a los cambios de la economía.
Durante su XIV Plan Quinquenal, China continuó apostando por un modelo de crecimiento avanzado. El consumo interno ha ganado terreno, la industria manufacturera se ha orientado hacia segmentos de mayor valor añadido y la innovación se ha consolidado como un motor clave del desarrollo. En paralelo, el país ha adoptado medidas específicas para mantener estable el pleno empleo, apoyar a las pequeñas y medianas empresas y prevenir riesgos financieros sistémicos.
El XV Plan Quinquenal (2026-2030), que define las presentes prioridades económicas y sociales de China, se aprobó el pasado marzo en las Dos Sesiones, las citas anuales en las que se reúnen los máximos órganos legislativo y asesor en materia política del país. Lejos de aislarse, el país busca integrarse más en la economía internacional, mejorar la calidad de las inversiones extranjeras y fomentar un entorno empresarial más transparente y predecible. En este contexto, las relaciones entre China y la Unión Europea, uno de sus principales socios comerciales, ocupan un lugar central.
Las empresas europeas participan activamente en diversos sectores del mercado chino, como el de los vehículos eléctricos, la química avanzada, la ingeniería industrial o los servicios medioambientales. Por su parte, las empresas chinas invierten en Europa en energías renovables, logística, comercio electrónico o fabricación de equipos. Se trata de una relación no exenta de desafíos, pero que ofrece grandes oportunidades si se basa en el diálogo, la reciprocidad y el respeto mutuo.
En el marco europeo, la relación entre España y China tiene un gran potencial. En los últimos años, el comercio bilateral ha crecido de forma sostenida y las exportaciones españolas se han diversificado. Productos agroalimentarios como el aceite de oliva, el vino y la carne de cerdo han encontrado un gran mercado en el país asiático, mientras que las empresas chinas abastecen a España de bienes industriales, tecnológicos y de consumo.
Más allá del comercio, las inversiones entre los dos países ofrecen nuevas oportunidades. Las empresas españolas con experiencia en energías renovables, gestión del agua, infraestructuras y turismo se pueden beneficiar de la transición ecológica y el desarrollo urbano que está llevando a cabo China. Por otro lado, la inversión china en España puede contribuir a modernizar su industria, impulsar su desarrollo regional o crear empleo.
De cara al futuro, la cooperación se perfila como el eje central de las relaciones económicas entre China y países europeos como España. En materia de comercio e inversiones, el objetivo tal vez consista en conseguir cadenas de suministro más estables, diversificadas y resilientes al riesgo. En el ámbito del desarrollo industrial, el foco quizás podría ponerse en la fabricación inteligente, la digitalización y la transición hacia industrias bajas en carbono.
Mejorar los sistemas de inversión y financiación es clave para mantener estas colaboraciones. En este XV Plan Quinquenal, China seguirá apostando por un desarrollo de alta calidad a través de acciones más diversificadas, sostenibles y resilientes. Esto pasa por desarrollar aún más los mercados de capitales, los productos financieros sostenibles y marcos más eficientes para la cooperación financiera internacional.
Para los socios europeos, sobre todo para los españoles, esto puede facilitar el acceso a financiación en China y reducir la incertidumbre en proyectos a largo plazo. Al mismo tiempo, contribuye a que las inversiones sean más eficaces y a que la economía crezca de forma más equilibrada. El hecho de que el PIB chino superara los 140 billones de yuanes el año pasado revela claramente fortaleza, pero también responsabilidad. Se espera que el país contribuya cerca de un 30% al crecimiento mundial.
La experiencia de 2025 demuestra que combinar planificación estratégica, pragmatismo y apertura puede generar buenos resultados incluso en tiempos de incertidumbre. Tanto para Europa –en particular, para España– como para el conjunto de la economía mundial, una China abierta y que apuesta por un desarrollo de alta calidad no solo supone una oportunidad. También contribuye a la estabilidad y al crecimiento común.
Pedro Barragán es economista, asesor de la Fundación Cátedra China y autor del libro ‘Por qué China está ganando’. Esta es una versión traducida y resumida de un artículo originalmente publicado en ‘China Daily’, que no comparte necesariamente sus opiniones.