Abril ha sido un mes ajetreado para Beijing, que ha recibido un goteo incesante de altos cargos internacionales. Se trata de una agenda diplomática inusualmente intensa, que coincide con un momento en el que los conflictos en Oriente Medio han puesto en jaque la seguridad energética y la maltrecha economía mundial.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España; el jeque Khaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan, príncipe heredero de Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos); To Lam, secretario general del Comité Central del Partido Comunista de Vietnam y presidente del país; Daniel Francisco Chapo, presidente de Mozambique; Saleumxay Kommasith, vice primer ministro de Laos; y Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, figuran entre los mandatarios que se desplazaron a China.
Según diversos observadores, el hecho de que líderes procedentes de Europa, Oriente Medio, Sudeste Asiático, Eurasia y África hayan realizado estos viajes revela que el orden mundial se está reconfigurando. Además, demuestra el tirón de la diplomacia china y el papel que juega el país como agente estabilizador en un mundo convulso.
“Este despliegue diplomático no ha sido una casualidad”, aseguró Ding Duo, investigador del Instituto Nacional de Estudios del Mar Meridional de China. “Refleja que cada vez son más los países que confían en China como un socio con el colaborar sobre el terreno y como un factor estabilizador en un contexto internacional cada vez más frágil”, subrayó.
En un mundo en el que los interrogantes y la volatilidad parecen crecer cada día, China aporta estabilidad y certidumbre, señaló Ding. “Lo que está pasando no responde a cambios políticos recientes. Se debe a una estrategia diplomática coherente, al antiquísimo principio oriental de no hacer a los demás lo que no deseas que te hagan a ti y al aplomo que otorga ser una gran potencia responsable”, puntualizó.
Reunión con Pedro Sánchez
Durante las reuniones que mantuvo con los mandatarios extranjeros, el presidente chino, Xi Jinping, reiteró que su país se compromete a defender la paz mundial, contribuir al desarrollo global y defender el orden internacional. También aprovechó los encuentros diplomáticos para recordar que China está dispuesta a compartir las oportunidades que ofrece el desarrollo de la nación con el resto del mundo mediante colaboraciones que beneficien a todas las partes.
Xi le dijo a Sánchez que China tiene el firme propósito de impulsar la modernización del país y tener amplitud de miras para compartir oportunidades con el mundo a través de su apertura de alto nivel. A través de su propio desarrollo, China aportará seguridad y empuje al crecimiento económico global, afirmó.
Certidumbre en tiempos convulsos
El ajetreo diplomático de Beijing coincidió con la celebración de las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que tuvieron lugar en Washington D.C. del 13 al 18 de abril. La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, advirtió que la guerra de Irán dejará huella en la economía mundial y provocará una caída de cerca del 3% en la producción de las zonas afectadas por el conflicto, cuyos efectos se prolongarán durante años.
En un escenario en el que el crecimiento económico de las principales economías se desacelera, las condiciones financieras continúan siendo restrictivas y la escalada de tensiones en Oriente Medio añade incertidumbre a los mercados energéticos y a las cadenas de suministro internacionales, buscar la estabilidad se ha convertido en una prioridad tanto para los políticos como para los mercados.
En este contexto, la trayectoria económica de China atrae cada vez más miradas. Según los datos que publicó la Administración General de Aduanas el 14 de abril, el comercio exterior del país asiático facturó 11,84 billones de yuanes (1,48 billones de euros) en el primer trimestre de 2026, lo que supuso un aumento interanual del 15%. De esta cantidad, 6,85 billones de yuanes (861.700 millones de euros) correspondieron a las exportaciones –un 11,9% más–, mientras que las importaciones representaron 4,99 billones de yuanes (627.700 millones de euros) –un 19,6% más–.
Los medios internacionales interpretaron la visita de Sánchez a China como una señal de que España quiere ser práctica y busca su propio camino para estrechar lazos económicos con China sin renunciar a su vínculo transatlántico.
Según un artículo de opinión publicado por la emisora de radio Onda Cero, España se ha dado cuenta de que el mundo está cambiando y de que China es la pieza que tiene más capacidad para reconfigurar el tablero internacional.
Matteo Giovannini, experto en finanzas del Banco Industrial y Comercial de China (ICBC, por sus siglas en inglés) y colaborador asociado del Centro para China y la Globalización, afirmó que el sólido desempeño económico de China, la transformación que ha puesto en marcha pensando en el futuro y su compromiso de apertura la convierten en un punto de anclaje clave dentro de la convulsa economía mundial.
“Una China económicamente estable contribuye a que se mantengan las cadenas de suministro entre países, impulsa la demanda de materias primas y manufacturas, y aporta cierta previsibilidad a los inversores internacionales”, declaró. “En un tiempo cada vez más incierto, esta estabilidad es un bien público cada vez más valioso para todo el mundo”.