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La Gran Marcha, 90 años después
Una guía explica la historia del Ejército Rojo a un grupo de jóvenes en Zhangye, provincia de Gansu. 

La Gran Marcha, 90 años después

Entre 1934 y 1936, el Ejército Rojo recorrió miles de kilómetros para sobrevivir y reagruparse durante la guerra civil china. El legado de aquella ruta sigue hoy vivo en muchos lugares
ERIK NILSSON - 22 Oct 2026 10:20

Estaba filmando el lugar en el que se había alojado el difunto líder chino Mao Zedong, cuando la guía me preguntó por mi país de origen.

–Soy de Estados Unidos– respondí. ­

–Justo hace un par de días pasó por aquí otro estadounidense, un pariente de Snow– comentó ella.

–Se llama Eric– contesté.

–¡Exacto!, ¿cómo lo sabes?– exclamó, con los ojos como platos.

–Es amigo mío– repliqué dedicándole una irónica sonrisa.

La escena sucedió en Hadapu, un pueblo de la provincia de Gansu, famoso por haber sido el lugar en el que el Ejército Rojo decidió poner rumbo a la provincia de Shaanxi. El Eric del que hablábamos era Eric Foster, sobrino de la célebre escritora Helen Snow, a su vez esposa del periodista estadounidense Edgar Snow. Edgar se hizo famoso por haber escrito el libro Estrella roja sobre China (1937), para el que entrevistó a la cúpula comunista de la época.

Cuando llegué a este país, hace 20 años, fue precisamente ese libro el que me desveló por primera vez la historia de la Gran Marcha, la travesía de 12.500 kilómetros que el Ejército Rojo, liderado por el Partido Comunista de China, realizó entre 1934 y 1936 para sobrevivir y reagruparse durante la guerra civil.

Desde entonces, he recorrido miles de kilómetros siguiendo los pasos de Edgar Snow y de aquellos soldados. La ruta me ha llevado a conocer desde Ruijin, en la provincia de Jiangxi, hasta Yan’an, en Shaanxi.

Videoblogueros en ruta

Pese a que ya había visitado Gansu en varias ocasiones, esta era la primera vez que acudía allí para seguir la pista del Ejército Rojo. En la pintoresca pero traicionera tierra de Gansu, donde las dunas del desierto chocan contra montañas de polvo compacto formadas por el viento, los soldados padecieron muchas penurias mientras se abrían paso por un terreno lleno de accidentes y quiebros.

El puente de Luding, un lugar emblemático de la Gran Marcha. CEDIDA A CHINA DAILY

Para emularlos, me uní a otros tres videoblogueros que venían de Rusia, Irlanda e Inglaterra. Nuestra misión consistió en revivir su ruta y grabar nuestros propios hallazgos. Sin embargo, para nosotros fue mucho más fácil que para los soldados llegar hasta Huining, el lugar donde se fundieron las tres principales fuerzas del ejército antes de continuar juntas hasta Yan’an. Si ellos tardaron dos años, nosotros apenas invertimos una hora.

Tal hazaña fue posible gracias al complejo que conmemora la Unión del Ejército Rojo en Huining, donde hay una reproducción en miniatura del paisaje por el que discurrió la Gran Marcha. Allí, un camino serpentea entre réplicas a pequeña escala de los lugares más emblemáticos de la ruta. Entre ellos figuran la Torre Conmemorativa de los Mártires del Ejército Rojo de Ruijin, donde comenzó la marcha; el edificio que acogió la Reunión de Zunyi, donde el Partido corrigió su rumbo; o el puente de Luding, en la provincia de Sichuan, convertido en leyenda por lo difícil que resultó tomarlo y cruzarlo.

No obstante, cuando visitamos el auténtico paso de Lazikou, uno de los tramos más peligrosos que tuvo que atravesar el ejército, recordamos que ninguna réplica, narración o vídeo explicativo es capaz de hacer justicia a las amenazas reales que superaron sus tropas. Intenté emular a aquellos soldados tratando de escalar una de las paredes verticales por las que ellos subieron, pero me resultó imposible encontrar un lugar donde apoyar los pies y apenas conseguí trepar un metro.

La Gran Marcha suele recordarse en términos superlativos, ya que todo en ella fue extremo: la duración, la distancia, el sufrimiento, el número de bajas y lo difíciles que fueron las victorias. Sin embargo, el viaje nos desveló también pequeñas historias que nos resultaron fascinantes. Los habitantes de Lazikou, por ejemplo, no estaban familiarizados con los arces, así que cuando vieron el primer ejemplar y repararon en sus hojas de cinco puntas, lo bautizaron como “el árbol de la estrella roja”.

Sacar la lupa para observar de cerca nos permite reparar en los pequeños detalles del legado revolucionario. No obstante, solo cuando nos alejamos y contemplamos la panorámica, podemos apreciar el verdadero significado que tiene la Gran Marcha en la China actual.

Eric Foster posa con su guía turística en Hadapu. CEDIDA A CHINA DAILY

Su impronta no solo se refleja en el ascenso que ha experimentado el país dentro del ámbito internacional, sino también en la manera en que diversos parajes de Gansu, muchos de ellos remotos, han florecido gracias al turismo rojo. En el paso de Lazikou, antaño impenetrable, personas de etnia tibetana venden ahora miel, manzanas, peras, cecina de yak y yogures junto a la carretera.

El líder de la aldea de Ejie, que se encuentra en el condado de Diebu y es otro escenario clave de la ruta, nos contó que los jóvenes que se habían marchado para trabajar en las ciudades están regresando. Ahora abren casas rurales, venden especialidades locales a los viajeros y ganan mucho más que antes.

Más que una fotografía

Antes de abandonar Hadapu, le envié a Eric una foto en la que aparecemos la guía y yo posando juntos en el mismo lugar en el que él se había retratado con ella solo dos días antes. Me respondió con emojis sonrientes, divertido ante semejante serendipia.

En el fondo, nuestro curioso encuentro no había tenido tanto que ver con edificios históricos, sino con personas que, como nuestra guía, sienten esos lugares como propios.

La coincidencia nos hizo recordar que algunos viajes nunca terminan: su eco permanece con nosotros. Travesías como esta no sirven solo para recordar el pasado, sino también para descubrir todo lo que ha germinado gracias a él.

La historia de la Gran Marcha que conocí por primera vez a través de Estrella roja sobre China giraba en torno a la lucha y la supervivencia. La que descubrí en mi visita a Gansu hablaba de viejos sueños hechos realidad: las carreteras han domado el paisaje, las aldeas han cobrado vida y los vecinos han convertido el legado revolucionario en su medio de subsistencia. Aun así, el camino continúa.